Todo el mundo sabe que la respuesta más apropiada a los ladrones es el filo de una katana. El problema es que no todo el mundo tiene la complexión física como para empuñar una espada de cuatro kilos, así que si sólo te conformas con quedarte con sus caras (o demostrar que los diste de comer a tu perro en defensa propia), siempre puedes instalar una cámara de seguridad casera. El proyecto desglosado por Alberto Ricci requiere un puñado de piezas baratas y sencillas de encontrar, como una cámara VGA CMOS a color, un sensor de movimiento PIR, un procesador ATmega32, y una tarjeta SD de 1 GB. Nada de otro mundo como puedes ver. Lo curioso es que la caja escogida por don Ricci tiene toda la pinta de ser la carcasa de una alarma; justo lo primero que mirará un ratero cuando entre en su casa. Eso sí, la tuya la podrás esconder donde quieras.

[Vía MAKE]
[Artículo en inglés]

Construye tu propia cámara de vigilancia doméstica

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