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Analizando el Samsung i900 Omnia


Durante los últimos días hemos podido juguetear con uno de los terminales más importantes de Samsung, el i900 Omnia. Cargado de tecnología y con el refinado diseño ya característico de la firma surcoreana, este teléfono móvil es de los que entran por los ojos, pero... ¿deja la misma buena impresión en el día a día?

Como viene siendo costumbre en los últimos Samsung, el i900 Omnia es un teléfono que se siente extremadamente sólido. Sus botones no bailan lo más mínimo, y tras recibirnos con la escandalosa melodía de arranque de la marca, nos encontramos con una pantalla 400x240 con colores sólidos y brillantes. Nada que objetar. El chasis del teléfono integra en el lateral derecho varios botones asociables desde el propio sistema operativo, dedicados en este caso para la cámara de fotos, el control de volumen y el menú de aplicaciones. Apenas sobresalen de la carcasa, impidiendo su activación accidental. El botón de encendido, minúsculo y de necesaria pulsación con la uña, se encuentra situado en la parte superior, lejos de cualquier lugar donde pueda ser toqueteado sin querer. Aunque al principio se hace incómodo buscarlo con la uña, lo cierto es que uno no anda encendiendo y apagando el teléfono a todas horas, así que poco importa su aparente dificultad de uso.




El "despiece" del teléfono es el usual. La tapa trasera se desliza con una ligera presión para revelar los puertos para las tarjetas SIM/MicroSD y la batería. A diferencia de lo que sucede con otros móviles, la tapa está muy bien sujeta; no se mueve o aparenta tener ajustes que vayan a fallar con el uso. El acceso a la tarjeta MicroSD podría ser mejorable, eso sí, obligándonos a desmontar el teléfono (y sacar la batería: va a ras) cada vez que queramos introducir nuevos datos.

Dentro del paquete del Omnia viene más o menos lo mismo que podríamos encontrar en cualquier otro smartphone. El propio terminal, un disco con el software necesario, el cable de transferencia de datos y recarga, un adaptador de corriente, un stylus y un par de auriculares manos libres. Aquí es donde empezamos a sacarle fallos reales. El interfaz de comunicación del Omnia no es un USB corriente y moliente de toda la vida, sino el propietario de Samsung. Esto es también cierto para la salida de audio, realizada desde el mismo conector. En otras palabras: ya te puedes ir olvidando de utilizar tus auriculares de 3,5 mm favoritos sin echar mano al adaptador manos libres incluido (vas a tener cable para amarrar un barco). Los cascos de serie tienen un sonido puramente aceptable (van flojitos de agudos), y están acompañados por varias siliconas para adaptarlos al tamaño de tus oídos.

¿Y qué hay del uso? Naturalmente, esa es la pregunta que se hará todo el mundo. Como otros tantos smartphones, el Omnia hace uso de Windows Mobile 6.1, aunque trata de subirse al carro de los dispositivos táctiles con un nuevo interfaz gráfico diseñado por Samsung con el que trata de enmascarar el sistema operativo desarrollado por Microsoft. Esta es una de esas soluciones que te hacen esforzarte hasta que le coges el truco, pero termina siendo satisfactoria tras unos días de uso. Los programas y funciones más habituales del teléfono se encuentran situadas en una barra lateral ocultable mediante una pestaña. Para verlas todas has de desplazar el dedo sobre la pantalla como si fuera la barra de desplazamiento de una ventana de tu PC, y desde allí arrastrarlas al escritorio.




La respuesta del móvil es perfectamente adecuada, y nunca se producen ralentizaciones. Dado que además el teléfono tiene un sensor de orientación, la pantalla se ajusta automáticamente a modo vertical u horizontal tan pronto como lo movemos (es recomendable ajustar la sensibilidad). El problema lo encontramos cuando queremos irnos de las aplicaciones del día a día y necesitamos por ejemplo consultar las noticias vía RSS. Ahí, es donde desaparece el bonito interfaz gráfico de Samsung y Windows Mobile nos golpea la cara con una montaña de fuentes e iconos diminutos.



Tratar de manejarlo a dedazo limpio no es imposible pero si desesperante, dado que se trata de un sistema operativo pensado para dispositivos con stylus. Entonces es cuando echamos mano al bolsillo para coger el puntero telescópico incluido con el teléfono. Muy elegante, sí, pero separado del teléfono. No hay problema alguno para llamar a tus contactos, enviar un mensaje SMS (el teclado virtual es bastante cómodo), navegar por internet utilizando Opera (más de una vez me encontré mirando la Wikipedia como si no tuviera el portátil al lado) o consultar las citas de la semana. Ojear los archivos de la tarjeta de memoria o configurar la conexión WiFi, ya son cosas distintas. Tal vez para remediar esto, Samsung ha incluido "joystick óptico" en la parte baja de móvil, permitiendo el desplazamiento del cursor sin necesidad de tocar la pantalla; personalmente no me parece una opción más cómoda, e incluso resulta redundante. Claro que lo mismo me pasa con el trackball de HTC.

Al igual que en otros teléfonos táctiles, el Omnia activa la vibración al arrancar ciertas aplicaciones, pero no hay retroalimentación alguna al introducir texto. Este me parece un punto a mejorar.

El apartado multimedia del Samsung Omnia viene cubierto por un reproductor de aspecto minimalista (TouchPlayer) y el típico sintonizador de radio. Normalmente tengo una pequeña colección con los archivos más habituales en mi tarjeta microSD, que fueron reproducidos por el teléfono sin la mayor de las complicaciones. Sin embargo, me dio por probar con este MP4 concreto, y ni siquiera llegó a arrancar, mientras que mi HTC 3300 pudo reproducirlo (a coces y trompicones, pero pudo). El reproductor de Samsung soporta además listas de reproducción y carátulas. La radio, como ya es habitual, necesita que tengas conectados los auriculares para funcionar. El escaneo de emisoras es verdaderamente rápido, y su uso no tiene complicación alguna, lo mismo que su sintonización. Samsung ofrece el Omnia con tamaños de 8 y 16 GB de memoria interna, de forma que si quieres utilizarlo como reproductor multimedia, esta parece una opción recomendable.



Otro de los grandes atractivos del Omnia es su navegador A-GPS. Aunque la caja original no incluía el software de navegación, tras jugar varios días con el Route 66 facilitado por Samsung he quedado gratamente sorprendido. Los colores utilizados por el software son fáciles de distinguir, el soft parece utilizar alguna clase de antialias y el desplazamiento de los mapas es realmente fluido. Destaca también la facilidad de uso, no en escasa medida gracias a las 3,2 pulgadas de pantalla. Personalmente lo prefiero al TomTom, pero esto de los navegadores suele ser cuestión de gustos.

Y la cámara, por supuesto. El Samsung Omnia equipa una cámara de 5 megapíxeles con flash LED incorporado, garantizando fotos de alta calidad en casi todas las circunstancias. Ignoro si el sensor es el mismo utilizado en el Soul, aunque tengo la impresión de que las fotos salen un pelín menos nítidas. En cualquier caso, el Omnia puede tomar unas fotos estupendas, y en la mayoría de las ocasiones nadie debería molestarse en llevar una compacta encima teniendo el teléfono a mano. Con un pulso firme y a un tamaño manejable (1280x1024) podría pasar por una cámara "de verdad". En el lado negativo parece que el software tiene alguna clase de fuga de memoria, dado que tras ejecutar otras aplicaciones, al intentar hacer uso de la cámara aparece un error de "memoria insuficiente" que te obliga a reiniciar el teléfono (no sirve de nada cerrar los programas en uso desde el administrador).



Concluyendo el artículo, el Samsung i900 Omnia es un buen compañero de trabajo con todos los puntos fuertes de Windows Mobile, el ya casi imprescindible GPS y una bonita capa de barniz para esconder su lado más "industrial" cuando no necesitas utilizar todas sus funciones. No está exento de fallos, sin embargo, y Samsung debería ofrecer alguna actualización del sistema para solucionar algunos errores por otra parte fácilmente subsanables.

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