Un australiano entra en el libro de los Guinness con un simulador de vuelo casero híper-realista
Puede que tú te conformes con las vibraciones proporcionadas por un simple Buttkicker, pero hay gente dispuesta a llegar más lejos. Mucho más lejos. Matthew Sheil un australiano que vive y respira sólo para Flight Simulator, ha invertido 10 años de su vida en la creación de una cabina virtual 747-400 cuya calidad se acerca a los sistemas profesionales utilizados para entrenar a auténticos pilotos.
Su entrada en el Libro Guinness de los Récords bajo la categoría para "el simulador de vuelo casero más caro del mundo" le ha costado la friolera de 300.000 dólares australianos (197.000 dólares americanos/153.000 euros), que de todas formas, casi es un regalo si lo comparamos con los 60 millones que supuestamente cuesta un simulador comercial. El conjunto, construido en un almacén, cuenta con pilares hidráulicos para imitar la inclinación de un avión real, y guarda 14 ordenadores en su interior ejecutando 45 programas en paralelo.
Cada año, Sheil organiza una quedada con aficionados del todo mundo patrocinada por Qantas, en la que 15 personas se van turnando durante una semana mientras dan la vuelta al mundo sin perder nunca el contacto con el suelo. Sheil, todo hay que decirlo, se encarga de la organización prácticamente por amor al arte: las donaciones recaudadas se envían al Royal Flying Doctor Service australiano, que proporciona asistencia médica vía aérea en los lugares más remotos del país.

Su entrada en el Libro Guinness de los Récords bajo la categoría para "el simulador de vuelo casero más caro del mundo" le ha costado la friolera de 300.000 dólares australianos (197.000 dólares americanos/153.000 euros), que de todas formas, casi es un regalo si lo comparamos con los 60 millones que supuestamente cuesta un simulador comercial. El conjunto, construido en un almacén, cuenta con pilares hidráulicos para imitar la inclinación de un avión real, y guarda 14 ordenadores en su interior ejecutando 45 programas en paralelo.
Cada año, Sheil organiza una quedada con aficionados del todo mundo patrocinada por Qantas, en la que 15 personas se van turnando durante una semana mientras dan la vuelta al mundo sin perder nunca el contacto con el suelo. Sheil, todo hay que decirlo, se encarga de la organización prácticamente por amor al arte: las donaciones recaudadas se envían al Royal Flying Doctor Service australiano, que proporciona asistencia médica vía aérea en los lugares más remotos del país.





























Comentarios de los lectores (Página 1 de 1)
lbeatle @ 13 / 03 / 2009
Vaya que si es gratificante ver este tipo de noticias. Tipos con mucho amor al arte. Aunque si hay una seria diferencia entre $197,000 y 60 millones de dolares... ¿no será que a algunos les estan viendo la cara?