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ETRO se apunta a un cursillo de reciclaje para mejorar sus aptitudes como guía

Si los robots van a tener su propia ciudad, es de pura lógica que necesiten embajadores para suavizar las relaciones con la enervada población de bolsas de carne que un día los concibieron. El ETRO, obra de los investigadores del Instituto de Investigación de Electrónica y Telecomunicaciones de Corea del Sur (ETRI por sus siglas en inglés), fue diseñado en 2003 con el propósito de hacer de guía turístico en el Museo Nacional de la Ciencia de Daejon, pero alguien consideró que su primaria forma cuadrangular (tras el salto) no transmitía la suficiente calidez para establecer una relación eficaz con los visitantes, y su antigua circuitería tampoco ayudaba. Así pues, ETRO ha sido totalmente actualizado ocho años después, dotándolo de una pantalla LED con la que transmitir sus falsas emociones y ese aspecto de monja cósmica que tanta grimilla nos da.

Como su antecesor, el nuevo ETRO es capaz de leer las explicaciones de los folletos (usando para ello una cámara instalada en el pecho), y gracias a su base omnidireccional dotada de sensores anticolisión y a un par de complejos brazos mecánicos puede acompañar mejor a las visitas mientras explica los avances de la industria robótica surcoreana. ¿Sabrá mantener su imparcialidad cuando tenga que hablar de la rivalidad entre el NaviBot y las Roomba?




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