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Freemium: Steve Ballmer, el amargo adiós de un luchador

En Freemium, José Mendiola opina sobre la situación actual del mundo de la tecnología
Hay luces que no brillan, y otras que deslumbran, aún cuando ambas iluminen. Esta peculiar paradoja es aplicable a muchos personajes de la historia, pero también a carismáticos líderes que dejan un legado con tanto contenido, que es difícil resumirlo en un solo brochazo. Esto lo conoce bien Steve Ballmer, una de las figuras más relevantes de la industria de la tecnología, y gracias a su especial relevancia e indudable carisma, uno de los personajes de nuestro tiempo. El de Detroit dice adiós en una decisión que no por esperada ha dejado de sorprender a propios y extraños. Ha sido toda una vida entregada a Microsoft, corporación que vio nacer y que se convirtió en un coloso que llega a prácticamente todos los hogares del mundo desarrollado a través de alguno de sus productos. Una salida tumultuosa, como ha sido la trayectoria y personalidad de esta relevante figura.

Apuntábamos antes que es difícil resumir el legado de personajes del calado de Ballmer en un sólo calificativo, pero si tuviéramos que quedarnos con uno, sería sin duda 'agridulce'. Su historia en la firma está repleta de luces y sombras, todas ellas excesivas como la vehemencia de su carácter. Los logros son muy destacados, pero en este exigente mundo de la tecnología un 'no triunfo' es casi siempre considerado como un fracaso, y este ha sido el mantra que ha perseguido a nuestro protagonista en especial en los últimos años de su carrera en la firma. En este endemoniado prisma, todo depende del ángulo que se escoja para determinar si se ha triunfado o por el contrario, se ha fracasado sin miramientos. El polifacético Ballmer fue partícipe, por un lado, del indudable éxito de Microsoft, firma que pasó de facturar 7,5 millones de dólares a 78.000 millones, pero por otro, las acciones de la compañía se dispararon con el anuncio de su salida.
No cabe duda de que los inversores respiraron aliviados ante el anuncio de su dimisión. Nuestro hombre siempre ha tocado poder desde su incorporación a la firma en 1980, pero fue en el año 2000 cuando comenzó a manejar en solitario el timón de este coloso. Es importante destacar esta fecha porque por aquel entonces, cuando Gates le cedió la batuta, el valor de las acciones de la firma rozaba los 60 dólares por acción, y ahora esta cifra apenas supera los 30 dólares. La mitad. Microsoft ha seguido creciendo todo este tiempo, pero no en la forma ni volumen que demandaban sus accionistas. Por resumirlo de una manera rápida, la firma se ha hecho fuerte en el mercado corporativo, donde realmente está haciendo caja a espuertas, pero ha fallado estrepitosamente en el mercado de consumo, donde Apple y Google se han hecho fuertes afianzando posiciones.

Este líder intentó hasta la extenuación no perder posiciones en un mercado donde antes se manejaba con comodidad, pero erró al no tener en consideración en la estrategia de la firma un dato que debía haber disparado las alarmas hace mucho tiempo: el mercado de los PC es cada vez más pequeño y el de los dispositivos móviles mayor. Los smartphones y tablets han asestado una dentellada letal a un, hasta la fecha, negocio redondo para la casa. La firma llegó tarde a este desafío y su alianza con Nokia se consolidó cuando el grueso de la tarta estaba ya repartida. Ahora la guerra de Windows Phone por hacerse con unos escasos puntos de mercado es encarnizada, y casi dramática. También llegó tarde a la guerra termonuclear desatada por Apple con el iPad: Surface fue presentado cuando el producto de los de la manzana ostentaba ya una presencia apabullante en un mercado que ellos mismos crearon, pero lo peor del asunto, es que además su entrada fue catastrófica. Sinofsky abandonó el barco a tiempo para no ver cómo la firma provisionaba la friolera de 900 millones de dólares ante los malos resultados del producto en el mercado.
A estos reveses estratégicos hay que sumar los sonoros fracasos de productos bajo el reinado de Ballmer: Windows Vista todavía sigue en la memoria de los usuarios como un producto funesto, y Windows 8 tampoco parece que vaya a cumplir las expectativas marcadas por la casa en el mercado. El liderazgo de nuestro hombre se vio minado también por su explosiva personalidad que le llevaba a saltar a los escenarios a grito pelado protagonizando vídeos que ahora son virales en la red, o bien a ningunear al iPhone en su lanzamiento, en otra secuencia que también se ha vuelto contra esta figura que no ha sabido superar con nota la complicada embajada de gobernar una pesada nave en las inciertas aguas de un mercado cambiante.

Ballmer se va, y deja tras de sí un legado que la gran mayoría recordará por sus errores y no por sus aciertos. Y los ha habido, por supuesto. Pero lejos de enumerar los excelentes resultados de la Xbox y su división o cómo han sabido hacerse fuertes en el segmento corporativo, nos quedamos con un rasgo de esta inolvidable figura: la pasión por lo que hacía y su amor por la compañía. Lejos de contemplar divertidos el histrionismo de este exagerado personaje que apabullaba a los asistentes a las presentaciones con su vehemente voz y las camisas sudadas, nos quedamos con las cuatro palabras, como el mismo dijo, que han acompañado a su figura desde que Bill Gates le propusiera acompañarle en la aventura: "I LOVE THIS COMPANY" (amo a esta empresa). Ahí queda.

[Más información: New York Times, Wall Street Journal, The Atlantic]

En Freemium se expresa la opinión personal del autor. Engadget no se responsabiliza ni supervisa los puntos de vista vertidos en estos artículos

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