En Freemium, José Mendiola opina sobre la situación actual del mundo de la tecnología
¿'S' de sorprendente? ¿'S' de soporífero?... La verdad es que casi lo que menos revuelo ha tenido en la red ha sido la propia presentación de Apple y han cobrado más protagonismo los previos y sobre todo, los análisis posteriores que han ido recorriendo los medios a la velocidad del rayo. Como suele ser habitual tras una keynote, el fabricante de Cupertino no ha dejado frío a nadie, ni a los acólitos, ni por descontado, a los enemigos de la marca. Sin embargo, la del martes no fue una presentación convencional si nos atenemos a los patrones del fabricante, y de hecho, hubo un par de detalles que buena parte de los medios han pasado por alto y que dejan patente que algo está cambiando en la casa. ¿La presión de los rivales o el estilo Cook?

La presentación mantuvo los tiempos a los que nos tiene acostumbrados Apple, pero en esta ocasión Tim Cook se ahorró el empacho de cifras a las que nos tiene acostumbrados, tal vez porque la jornada iba a ser densa en cuanto a contenido. Cook, hizo de maestro de ceremonias, pero fue un peso pesado, Phil Schiller, el responsable de presentar la verdadera estrella de la jornada: el iPhone 5S. Con todo, el CEO de la firma dejó patente que la nueva estructura de la organización se basa en dos cimientos que marcarán la nueva era: el cotizado Jony Ive y la nueva rutilante estrella en Infinite Loop, Craig Federighi.
La primera gran novedad fue que el fabricante presentó no uno, sino dos iPhone, en una maniobra que aunque conocida (en pocas ocasiones contábamos con tantos detalles sobre lo que iba a presentar el fabricante en su keynote), ha sorprendido a todos y hay que mucho sobre lo que reflexionar. Lo primero y fundamental, es que la marca nunca ha considerado entrar en el segmento low-cost, como se ha venido rumoreando durante largos meses. Es más bien al contrario, Apple incide más si cabe en el margen, su gran mantra y en una estrategia que le está yendo francamente bien. El resto de sus rivales se ha centrado en aumentar cuota de mercado a cualquier precio, pero los de California están obsesionados en crecer en share a tímidos pasos, pero sosteniendo un margen elevado. Menos clientes, pero con mayor ganancia por equipo vendido.

Así las cosas, el iPhone 5C fue presentado como un smartphone juvenil y divertido en una curiosa maniobra de marketing, ese terreno que Apple domina con tanta autoridad: en realidad es un iPhone 5, pero con una carcasa de plástico. Menos costes de producción, y por lo tanto, todavía más margen. Sin embargo, cumple a la perfección la máxima del marketing de "si parece nuevo, es nuevo", y habrá un considerable nicho de clientes que opten por esta versión. Al ser más barato de fabricar, Apple controlará mejor los stocks y las ganancias se disparan. La llegada del 5C ha servido, además, para reorganizar la gama: como apunta John Gruber, el 5C "es el Toyota de Lexus", donde el alto de gama es, lógicamente, el 5S. Y llegamos sin duda a la segunda gran novedad de la presentación: efectivamente, Apple ha perdido parte del embrujo de la era Jobs.

Con Steve Jobs, la firma se movía en una suerte de halo mágico o divinizado, y aunque las cifras siempre han acompañado en el último tramo de la historia del fabricante, parece que ha quedado demostrado que eran mejorables. Llega el atemperado Cook y muchos vaticinan el fin de la magia, y en parte es cierto: el de Alabama tiene los pies en el suelo y nos recuerda que Apple es ante todo, una empresa que se debe a sus accionistas y está aquí para hacer dinero. Cuanto más, mejor. Así se entiende que la marca siga centrada en obtener un elevado margen a costa de una cuota de mercado más reducida.


Sin duda que podrían haber optado por salir al mercado con un iPhone mini por un precio de 150-200 euros libre y habría supuesto un revulsivo en el mercado, pero estratégicamente les reporta más mantenerse en un rentable mercado de nicho. La gama alta. Decepción entre algunos medios e incluso enfado entre muchos usuarios que descontaban un low-cost, que nunca insinuó Apple, ni por descontado, estaba dentro de sus planes. A esto hay que sumar que algunos también daban por supuesto que la firma presentaría un tabletófono, y las propias expectativas inflaron la cotización de las acciones, de forma que al ver un 'más de lo mismo', las mismas acciones se dejaron 8 puntos el mismo día de la keynote. El 'efecto hype' se puede apreciar si se observa la evolución de las acciones durante todo el año: en julio repuntan al calor de los rumores, y en cualquier caso, sólo los cierres trimestrales confirmarán realmente la temperatura en el mercado de la empresa.
Y llegó el plato fuerte de la jornada, el iPhone 5S, y aquí sí que hubo caras largas: ¿el mismo smartphone? Sí, estéticamente cuenta en esencia con el mismo diseño que el iPhone 5 en una maniobra calcada en saltos anteriores de equipo (iPhone 3G-3GS o iPhone 4-4S). Los cambios están en sus entrañas y aquí Apple ha ido a lo simple en el mensaje: nuevo chip A7 que es además el primero con arquitectura de 64 bits y una inquietante relación con los sensores de movimiento del iPhone que nos falta por conocer en qué va a consistir, una cámara vitaminada que también habrá que conocer en mano, y la gran novedad a efectos el usuario, el sensor biométrico que promete acabar con las contraseñas. ¿La 'S' de qué venía? Apple nunca lo ha concretado, ¡dilo tú!.

[Más información: Forbes, Computer World, Daring Fireball]

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Freemium: iPhone 5S, la 's' era de... dilo tú
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