Skip to Content

AOL Tech

Freemium: ¿Merece la pena pagar por una app?

En Freemium, José Mendiola opina sobre la situación actual del mundo de la tecnología
Freemium: ¿Merece la pena pagar por una app?
Es una historia que se repite constantemente. Una idea feliz que surge en la ducha o tras un inspirador paseo bajo los árboles, se convierte de repente en algo que no podemos dejar pasar. Ese ilusionante relámpago que ha pasado por nuestras cabezas se transforma en un boceto a vuelapluma y de ahí a unas primeras líneas de código. Un primer esbozo en la pantalla del ordenador ofrece una dimensión más real de lo que antes era sólo un pensamiento, y no podemos contener la ilusión. Llamamos al primer amigo o familiar: "mira, ¿qué te parece?". Un asentimiento de admiración corrobora nuestro entusiasmo y relanza el proyecto con un ánimo redoblado. Nos entregamos en cuerpo y alma al desarrollo de esa idea convertida ahora en app para móvil, el nuevo tótem del dinero fácil.

Tras varias betas por fin damos con una versión definitiva que es enviada para su validación y posterior publicación en la tienda de aplicaciones. Es el momento de la verdad. Pero la gloria no tarda en llegar. La app, que es gratuita, es descargada por cientos, luego miles de usuarios, y en pocos días sube a lo más alto de la tabla. En pocos meses, lo que fue una idea peregrina bajo la ducha se ha transformado en un fenómeno de masas con un creciente número de usuarios. No cabe duda de que hemos triunfado, pero... ¿de verdad?
Este proceso descrito es muy habitual en los desarrolladores, y los pocos que alcanzan el éxito de situar sus aplicaciones en lo más alto, se enfrentan al gran dilema: ¿cómo se monetariza la aplicación? O lo que es lo mismo, ¿cómo empiezo a ganar dinero de lo que sin duda es una idea ganadora? La primera gran tentación es salir al mercado con un modelo de pago, es decir, que el usuario deba pasar por caja para poder descargar la aplicación. Sin embargo, este sistema pone las cosas todavía más difíciles, puesto que al ser un desarrollador novel no cuenta con el prestigio de los que llevan ya años creando apps y es mucho más difícil que la nuestra sea un éxito con estas premisas. Lanzarla de forma gratuita al mercado facilita muchísimo el panorama y contribuye a que suba en las tablas a posiciones de reinado si damos con una buena idea.

Pero este esquema no reporta un sólo céntimo y puede valer a modo de lanzadera, nunca como modelo de negocio. ¿Qué hacer entonces? Es la gran pregunta a la que se enfrentan multitud de desarrollares y empresas que crean software. La opción más tentadora es la de insertar publicidad en la aplicación, y invitar al usuario a pasar a un modelo de pago para esquivar los incómodos anuncios. Porque sí, hay que reconocer que son un tostón y ocupan un preciado espacio en la pequeña pantalla del smartphone. Y lo soportamos estoicamente porque no hemos pagado un sólo euro y además, del algo tendrá que vivir el desarrollador. Pero no deja de ser una situación extraña para todos: el desarrollador se ve obligado a estropear la experiencia de uso de su niña bonita para ofrecer algo al usuario que en realidad detesta, pero que aguanta como mal menor. Así las cosas, el anunciante lanza su píldora que, lógicamente, cada vez es menos efectiva.
Este incómodo modelo está perdiendo fuelle por la lógica de lo expuesto. ¿Qué hacer entonces? Ben Silberman, cofundador de Pinterest, se ha visto en esta disyuntiva durante el tiempo que lleva la red social en funcionamiento, y esta semana ha anunciado que por fin van a monetarizar sus esfuerzos. Él mismo detesta los incómodos pop-ups o banners y sugiere que ofrecerán material patrocinado con un elevado interés para el usuario. Un eufemismo para describir lo antes expuesto, pero que parece por el momento, la única forma viable de conseguir obtener algún ingreso en un mercado acostumbrado al todo gratis. Pero esta no es la única forma de conseguir que aflojemos la cartera con una app o servicio. Y de esto sabe mucho Evernote, que propone un servicio gratuito plenamente operativo, pero dando la opción a pasarse a una versión premium que no es realmente necesaria, pero que sirve a los usuarios entusiastas para demostrar lo contentos que están con el producto.

De alguna manera, entre esa minoría dispuesta a pasar por caja, junto con lo ingresado en forma de banners para los usuarios de la versión free, se sostiene todo el modelo, y da para crecer. Este interesante enfoque lo ha puesto en marcha otro producto de moda: Feedly. El lector de feeds heredero del colapso de Google Reader propone al usuario devoto una forma de pagar un poco por disfrutar de un pico más del grueso de lo que ofrece la versión gratuita. Es una forma más amable de meternos la mano en la cartera y que parece satisfacer a todas las partes. Pero la duda queda en el aire. ¿Merece la pena pagar por una app financiando directamente el desarrollo? o bien ¿seguimos instalado en el 'todo gratis' y nos indignamos cuando alguien nos pide al menos un euro al año?

En Freemium se expresa la opinión personal del autor. Engadget no se responsabiliza ni supervisa los puntos de vista vertidos en estos artículos

Artículos relacionados

Suscribir a estos comentarios

Comentarios de los lectores (Página 1 de 1)



Galerías destacadas



Noticias AOL