
Es lo que podría darse a entender, viendo las últimas noticias. El esperado
anuncio de la PS3 de 40 GB se vio empañado en cierta manera por el hecho de que la nueva consola no será compatible con los juegos de PS2 (seamos sinceros, a nadie le importa el lector de tarjetas o que solo tenga dos puertos USB), y aunque se podía pensar que la cosa podría arreglarse con el tiempo
tal y como sucedió con la actual revisión del hardware, parece que al final ese no será el caso.
La compatibilidad con la PlayStation 2 se obtenía hasta ahora con una mezcla de hardware y software, dado que las placas de PS3 incluían al menos el chip gráfico de la PS2 y su memoria EDRAM (al principio también se integraba el Emotion Engine). Las nuevas, sin embargo, se olvidan de todo esto para reducir costes y simplificar el diseño de la placa. En otras palabras: cualquier clase de emulación en las consolas de 40 GB deberá ejecutarse 100% por software. Nada insalvable de no ser porque el Graphics Synthesizer o GS sigue siendo bastante complejo, y Sony ya ha declarado que prefiere invertir el dinero destinado a la emulación en nuevos juegos y/o bajadas de precios. En otras palabras: quien de verdad quiera jugar a sus juegos de PS2 en alta resolución, ya puede ir corriendo a por una consola de 60 GB antes de que desaparezcan.
Pero bueno, ¿y qué pasará más tarde? Sony
ya ha dicho que una vez que se acabe el stock de 60 GB, el modelo de 40 GB se convertirá en el estándar europeo. Para Estados Unidos, se sabe que la compañía está preparando otra revisión del hardware, y algo nos dice que se trata de la misma consola de 40 GB anunciada en la UE. De ser así, lo más probable es que la nueva placa se transforme en la base de todas las futuras PS3, implicando la desaparición con la retrocompatibilidad con la generación anterior.