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De KickStarter al espacio: KickSat pondrá en órbita un enjambre de más de 100 nanosatélites este domingo

Lanzar un satélite al espacio ya no es una aventura al alcance de agencias gubernamentales y poderosos consorcios con un ojo en las estrellas. Los avances en miniaturización han conseguido que entidades mucho más pequeñas y menos pujantes puedan poner en órbita sus propios satélites para realizar misiones de corta duración, como los que espera lanzar KickSat este fin de semana. La primera misión partirá este domingo desde Cabo Cañaveral, Florida, donde despegará un cohete Falcon 9 transportando un KickSat cargado con 104 nanosatélites.

El proyecto, que comenzó a incubarse en KickStarter allá por el año 2011, es en esencia un dispensador de nanosatélites con el que universidades y firmas de todo tipo podrán crear pequeñas nubes de dispositivos inteligentes a baja órbita. Bautizados con el nombre de Sprites, estos aparatos es más pequeño que una carta de una baraja. Cada uno de ellos cuenta con un giroscopio, un magnetómetro, una radio, dos antenas, un microcontrolador Texas Instruments y varias celdas solares para alimentar el conjunto. Pensando siempre en reducir los costes de operación al mínimo, las señales transmitidas pueden ser recibidas usando aparatos de radioaficionado.

Y al primer día resucitó: El rover lunar chino vuelve a la vida

Y al primer día resucitó: El rover lunar chino vuelve a la vida
Contra todo pronóstico, al Conejo de Jade todavía le quedan pilas para seguir dando guerra. A pesar de que ayer anunciábamos con el ánimo ensombrecido la defunción del primer rover en pisar la superficie lunar desde la misión Lunokhod 2 de 1973, la agencia de noticias china Xinhua ha informado que Yutu ha recuperado la conciencia y permanece activo.

Morpheus aprende a aterrizar sobre sus patas en lugar de cabeza abajo, para deleite de la NASA (vídeo)

Suele suceder que los primeros pasos suelen venir acompañados por los primeros batacazos, y cuando la NASA probó el año pasado su aterrizador lunar Morpheus sin cables de seguridad de ningún tipo, el prototipo ofreció una espectacular exhibición de fuegos artificiales cuando se fue derecho de bruces contra el suelo. Imaginamos que la escena no fue igual de entretenida para sus ingenieros como para nosotros. Sea como fuere, la NASA ha vuelto a probar este vehículo propulsado por metano sin unirlo a sujeción alguna, y esta vez el ensayo ha ido sobre ruedas.

Además de ofrecer ocasionalmente espectáculos pirotécnicos, el Proyecto Morpheus busca desarrollar un aterrizador robotizado con el que la NASA podría enviar cargas de hasta media tonelada a la superficie de la Luna. En su construcción colaboran tanto la agencia aeroespacial estadounidense como firmas privadas (Armadillo Aerospace estuvo particularmente implicada hasta que John Carmack decidió paralizar su actividad), que trabajan en el proyecto bajo una serie de directrices enfocadas a reducir tanto los costes de investigación y desarrollo como los operativos.

Rusia y Europa se alían para enviar nuevas misiones a Marte

Rusia y Europa se alían para enviar nuevas misiones a Marte
Tan excitantes como han podido ser sus hallazgos, no se puede negar que la peripatética existencia de Curiosity ha estado marcada por una cierta melancolía. El robot explorador de la NASA ha trabajado (casi) en solitario desde su aterrizaje en suelo marciano, pero próximamente tendrá compañía internacional gracias a las agencias espaciales de Europa y Rusia. Esta colaboración hará posible lanzar un orbitador de observación meteorológica en el año 2016 y dos años más tarde un róver para explorar la superficie del planeta rojo.

Las misiones ExoMars quedaron en peligro cuando la NASA, socia técnica y económica del proyecto, decidió retirarse del programa (aunque ofrecerá apoyo técnico y software de comunicaciones) debido a los recortes de presupuesto, lo que ha permitido que los rusos de Roscosmos ocupen un mayor protagonismo. Concretamente, Rusia pondrá los cohetes, mientras que Europa se encargará de desarrollar la carga que será lanzada al espacio. Tras una primera misión con cariz exploratorio, la ESA y Roscosmos lanzarán un róver no tripulado capaz de excavar y analizar muestras de tierra a un máximo de dos metros de profundidad. Su misión es extraordinariamente compleja, pero la meta muy simple: descubrir si Marte alberga o albergó formas de vida.

[Vía Space.com]

La Agencia Espacial Europea quiere colonizar la Luna con chalets impresos en 3D

La Agencia Espacial Europea quiere colonizar la Luna con chalets impresos en 3D
El 1972 el hombre pisó la superficie lunar por última vez. Si desde entonces no hemos regresado a nuestro satélite ha sido principalmente por una clamorosa falta de interés, pero si algún día decidiéramos establecer una base en la Luna, necesitaríamos algo más que simple determinación. La limitada carga de los cohetes especiales hacen imposible transportar grandes estructuras como las que serían necesarias para levantar la primera embajada terrícola en suelo selenita, y dado que tampoco sería fácil llevar veinte palés de ladrillos y una hormigonera, la Agencia Espacial Europea ha pensado en utilizar el propio polvo lunar como material de construcción.

En asociación con la firma de arquitectura británica Foster + Partners, la ESA está estudiando el uso de impresoras 3D capaces de utilizar el polvo lunar para formar bloques de construcción huecos, de gran resistencia y al mismo tiempo relativamente ligeros. Los primeros ensayos con una impresora comercial D-Shape parecen prometedores, con una capacidad de construcción de dos metros a la hora, pero la ESA espera incrementar su velocidad hasta poder crear un "edificio completo" en sólo una semana. Luego llegará lo complicado de verdad: encontrar el hueco para el spa.

Excalibur Almaz se propone enviar turistas a la Luna por el módico precio de 100 millones de libras

Excalibur Almaz se propone enviar turistas a la Luna por el módico precio de 100 millones de libras
Richard Branson y Elon Musk ya pueden ir pensando en pisar el acelerador, porque mientras Virgin Galactic y SpaceX siguen pensando o haciendo sus primeros pinitos fuera de la atmósfera terrestre, una compañía británica llamada Excalibur Almaz planea lanzar los primeros vuelos a la Luna a partir de 2015.

Esta empresa fundada por Art Dula, un abogado especializado en patentes y ciencia espacial, piensa adelantar a su competencia utilizando cohetes y sistemas de la antigua era soviética, ahorrando por tanto tiempo y dinero. Concretamente, Excalibur tiene pensado lanzar dos antiguas estaciones Salyut totalmente reacondicionadas con componentes modernos y varias naves Soyuz. La idea es difiere notablemente de las antiguas misiones Apollo que llevaron al hombre a la Luna; por lo pronto no habrá aterrizaje, dado que ninguno de los vehículos utilizados puede alunizar, sino que sus tripulantes orbitarán alrededor de nuestro satélite durante un tiempo.

Más concretamente, el plan de Excalibur pasa por comenzar poniendo en órbita terrestre una estación espacial Salyut, para después lanzar una cápsula reutilizable Soyuz en su dirección. Una vez acoplada, el Salyut, equipada con su propio sistema de propulsión, se dirigirá lentamente hacia la Luna para que sus ocupantes realicen experimentos o simplemente disfruten con el paisaje selenita.

En total, el viaje de ida y vuelta requerirá nada menos que seis meses y 100 millones de libras (124 millones de euros/156 millones de dólares), lo que hace que las 200.000 libras de los vuelos orbitales de Virgin Galactic parezcan un viaje de autobús. Esperemos que los primeros clientes no se olviden de meter calzoncillos de sobra.

Prototipo GENIE aprende a volar lateralmente y a posarse cual delicado pétalo

Prototipo GENIE aprende a volar lateralmente y a posarse cual delicado pétalo
Cada vez parece más claro que van llegando a su fin los tiempos de lanzar un enorme cohete al espacio y dejar que su cápsula caiga a la Tierra sin más ayuda que la brindada por un paracaídas. Compañías como SpaceX y Amardillo Aerospace están apostando por los vehículos de rentrada con sistemas de descenso guiado por cohetes, pero no son las únicas. Draper Laboratory, utilizando un cohete suborbital Xombie de Masten Space Systems, consiguió a comienzos de mes lanzar un prototipo GENIE (o Guidance Embedded Navigator Integration Environment) a una altura de 50 metros y posarlo suavemente a otros 50 metros del punto de despegue.

El suceso no tendría tanta relevancia de no ser porque el sistema GENIE (obra de Draper) funciona de forma totalmente autónoma. En otras palabras, el cohete realizó toda la maniobra por sí solo, sin más ojos que el grupo de sensores integrado, ni humanos que lo llevaran de la mano para evitar su extravío o colisión. La prueba tuvo lugar el pasado 2 de febrero en el desierto de Mojave, California, pero sólo ahora hemos podido contemplar el vídeo que te dejamos a continuación.

Este proyecto, como otros del mismo corte, cuenta con el apoyo de la NASA a través del programa Flight Opportunities, con el que la agencia espacial estadounidense busca encontrar posibles plataformas reutilizables para lanzar misiones suborbitales de bajo coste con las que realizar experimentos en condiciones de microgravedad.

CleanSpace One, un Wall-E espacial para recoger satélites olvidados

La proliferación de la basura espacial va a terminar dándonos algún día algo más que impresionantes mangas de ciencia ficción. Cada aparato enviado al espacio deja a su paso un reguero de quincalla de alta tecnología de difícil control y que amenaza con impactar con futuras misiones, pudiendo causar daños catastróficos en su equipamiento. Su indeseable e incontrolable presencia ha hecho que agencias como la ESA y DARPA desarrollen diversas soluciones de alta tecnología para atrapar los restos de antiguos satélites y cohetes, en ocasiones incluso para reciclarlos, pero la idea de los ingenieros de la Escuela Politécnica Federal de Lausana es mucho más sencilla: simplemente quieren echarles el lazo e incinerarlos en la atmósfera.

Científicos de la universidad suiza han ideado un robot de recogida de residuos espaciales llamado CleanSpace One, que gracias a su liviana construcción y al uso de componentes relativamente asequibles aspira a convertirse en nuestro futuro bedel espacial. El robot, de sólo 30x10x10 cm, podría lanzarse en 2015 ó 2016 si no hay problemas obteniendo los 10 millones de francos (8,2 millones de euros) necesarios para financiar el proyecto, que se ha concebido básicamente para demostrar la viabilidad tecnológica de un robobasurero espacial capaz de atrapar pequeños satélites en desuso y arrastrarlos hacia su destrucción.

¿Necesitas una descripción más gráfica? Pues tienes un vídeo tras el salto.

La Agencia Espacial Europea lanza con éxito el Vega, su nuevo cohete ligero

Mientras compañías como Armadillo Aerospace y Space X toman posiciones para cubrir el hueco dejado por los recortes de la NASA (y ver si de paso se descuelga algo más por ahí), la Agencia Espacial Europea ha lanzado con éxito desde la Guayana Francesa su último cohete espacial, el Vega.

Este pequeño lanzador ha sido concebido para poner en órbita cargas de entre 300 y 2.500 kg compuestas por un máximo de nueve objetos, lanzados al espacio gracias a cuatro etapas repartidas en una estructura de 30 metros de largo con un peso máximo (carga incluida) de 138 toneladas. Uno de los nueve satélites enviados en el lanzamiento del lunes era el pequeño Xatcobeo, desarrollado en Galicia por la Universidad de Vigo con la misión de llevar a cabo experimentos de telecomunicaciones y energía fotovoltaica. Estaba acompañado por otros seis picosatélites CubeSat de Francia, Italia, Rumanía, Polonia y Hungría, así como por los satélites convencionales LARES y ALMASat-1.

Uno de los motivos que ha impulsado el desarrollo del Vega es que actualmente los satélites de menores dimensiones son lanzados desde antiguos misiles balísticos intercontinentales rusos, y echar el guante a un ICBM reconvertido es un trabajo bastante laborioso. Además, estos transportes no ofrecen la flexibilidad facilitada por la última etapa del lanzador Vega, que puede encender hasta cinco veces su motor para distribuir la carga a distintas órbitas.

¿Quieres saber más? Pues no dejes de echar un vistazo a los enlaces de lectura ni al vídeo de lanzamiento; lo encontrarás tras el salto.

Kinect podría ayudar a pesar los astronautas del futuro

He aquí una pregunta intrigante: ¿cómo puedes pesarte en condiciones de microgravedad como las que experimentan los astronautas? Un método posible es el que utiliza la NASA para mantener a sus exploradores sanotes cual manzana, haciendo uso de una especie de taburete con muelles. El aparato (tras el salto) tiene una oscilación muy concreta, que varía drásticamente al subirse un astronauta; calculando la diferencia, es posible realizar una estimación fidedigna del peso del usuario. Otra opción, mucho más sencilla, sería usar un Kinect hackeado.

Carmelo Velardo, un informático de la escuela de ingeniería francesa Eurecom, ha desarrollado en colaboración con varios colegas del Instituto Italiano de Tecnología una alternativa mucho más sencilla, económica y práctica que los sistemas de medición de peso actuales. Para ello, Velardo ha unido el sensor de un Kinect con una base de datos con las medidas corporales de 28.000 personas (eso es un montón de lorzas), de forma que estimando el volumen del usuario y contrastándolo con la información ya almacenada es posible realizar estimaciones de peso con un precisión del 97%. Y no haría falta dedicar una habitación especial sólo para el aparato, dado que la tecnología hasta podría instalarse en las propias paredes de una estación espacial.

Uno de los problemas que podría encontrar este sistema es que la ausencia de gravedad (o más bien los bajos niveles registrados en el espacio) puede hacer cosas "divertidas" con tu carne mollar, y aunque los astronautas están en buen estado físico, los líquidos contenidos en el cuerpos pueden variar su forma de forma significativa; tal vez no demasiado a simple vista, pero lo suficiente para hacer que Kinect dé una medición incorrecta. Por esto mismo, John Charles, un científico de la NASA, cree que tal vez pueda servir al menos de complemento para otras herramientas de medición de peso, para así comprender mejor los cambios que experimenta la densidad del cuerpo humano en el espacio.

De todas formas, no hará falta ponerlo en órbita para comprobar su funcionamiento; Velardo espera instalarlo a bordo de un "Cometa del Vómito", un avión especialmente adaptado para simular entornos de baja gravedad sin salir de la Tierra, donde podría realizar sus primeros experimentos.

Vídeo: La nave espacial del fundador de Amazon despega y aterriza sin incidente

Aunque a juzgar por noticias anteriores no lo parezca, la "cisterna espacial" de Jeff Bezos sabe volar. El fundador de Amazon, que como sabes está involucrado en su propio proyecto de vehículo espacial comercial con la ayuda de 22 millones de dólares concedidos por la NASA, anunció en septiembre que su último prototipo se había estrellado en el desierto, pero para evitar dar una imagen de fracaso, Blue Origin ha olvidado por un momento su secretismo para mostrar una prueba exitosa realizada el pasado 6 de mayo y de la que no sabíamos nada hasta ahora.

En el vídeo, el New Shepard despega sin incidente alguno desde su pista de lanzamiento en el oeste de Texas, e instantes después se posa lentamente usando su propio motor cohete como amortiguador de descenso. Aunque por ahora apenas puede levantarse unos metros del suelo, en el futuro, el New Shepard servirá para lanzar una cápsula tripulada pensada para cortas misiones suborbitales. Blue Origin también está trabajando en un vehículo orbital y tiene pensado desarrollar una cápsula de escape para la NASA, pero por ahora apenas hay información al respecto.

Si tienes curiosidad en ver el funcionamiento de este curioso vehículo espacial reutilizable, el vídeo te espera tras el salto.

DARPA quiere recoger satélites "muertos" en órbita para crear Franken-télites

Tenemos un pequeño gran problema sobre nuestras cabezas. Porque puede que no lo puedas ver a simple vista, pero orbitando alrededor de la Tierra hay todo un basurero. O tal vez mejor dicho, un cementerio. Decenas y decenas de satélites muertos giran libremente mientras las leyes de la física deciden cuando han de caer sobre nuestras cabezas, mientras que otros permanecen en órbita estable sin hacer otra cosa que abultar en el interminable cosmos. El hecho es que a pesar de que muchos de estos aparatos ya se han quedado obsoletos, algunos de sus componentes todavía son útiles, y DARPA piensa reciclarlos in situ mediante el programa Phoenix para que al menos sirvan de algo, usando sus componentes para evitar el lanzamiento de nuevos satélites completos.

El plan desarrollado por la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa busca utilizar tecnologías ya existentes como robots para operaciones quirúrgicas a distancia y sistemas de cámaras como los usados en las plataformas petrolíferas para crear robo-técnicos espaciales, que controlados desde tierra, conectarían instrumentos y equipos actuales a las antenas operativas de antiguos satélites fuera de servicio, reutilizando sus sistemas de comunicaciones para nuevas misiones. Del mismo modo, estos robots serían capaces incluso de separar las antenas útiles para crear "satlets" o pequeños mini-satélites, desgajando los ojos y las orejas de antiguos aparatos para crear otros "nuevos". Lógicamente, los propietarios de los satélites a desmontar deberían dar su visto bueno para la operación.

DARPA por ahora no parece haberse marcado un calendario, pero el mes que viene comenzará a buscar compañías interesadas en llevar a cabo este ingenioso proyecto.

Virgin Galactic realizará tres vuelos charter para la NASA

Hace varias semanas te contábamos que la retirada de los trasbordadores espaciales iba a obligar a la NASA a buscar empresas externas para subcontratar algunas misiones pequeñas. Virgin Galactic se encontraba entre las firmas beneficiadas por la jubilación del Endeavour, ya durmiendo entre borlas de algodón, pero entonces desconocíamos los detalles concretos del acuerdo. Ahora que ha sido rubricado, la compañía aeroespacial del inagotable Richard Branson ha hecho público que recibirá "hasta 4,5 millones de dólares" para realizar tres vuelos charter suborbitales en su SpaceShipTwo.

Si ponemos esta cantidad frente a los 200.000 dólares que Virgin Galactic piensa cobrar por un viaje turístico, el precio de estos tres vuelos puede parecer algo exagerado, pero es que los investigadores de la NASA no están interesados en tomar un café a 110 km de altura para presumir delante de los amigos, sino en la posibilidad de enviar al espacio cerca de 600 kg de "carga experimental", que de ser necesario, estará disponible para su recogida y examen tan pronto como aterrice el aparato. Cualquier prueba que se realice deberá ser relativamente corta, dado que los vuelos durarán aproximadamente 90 minutos.

¿El punto curioso? Virgin Galactic proporcionará su propio "sobrecargo científico" (Ingeniero de Vuelo de Pruebas, según la compañía), para vigilar y si es necesario interactuar con los experimentos de la NASA. Ni siquiera los astronautas se libran de la externalización de servicios.

[Vía CNET]

SpaceX quiere cambiar los paracaídas de sus naves por motores cohete

Aunque Elon Musk siempre ha tenido un ojo puesto en el lanzamiento de satélites comerciales, el fundador de SpaceX (y Tesla Motors) espera que gran parte de su actividad inicial se desarrolle en torno al turismo especial, y eso requiere unos costes realmente reducidos, especialmente si quiere competir de forma satisfactoria con los rusos. ¿Y cómo piensa hacerlo? Pues para empezar, reutilizando todas las partes de sus cohetes sin tener que ir a buscarlas en mitad del océano.

El último diseño de su cápsula Dragon contempla el uso de un impulsor con segmentos de reentrada controlada mediante cohetes, de forma que igual que el módulo habitado aterriza controlando su descenso mediante chorros de gases incandescentes, todas las etapas del cohete encargado de ponerlo en órbita aterrizan de idéntica manera en un punto concreto. Con un paracaídas no hay forma de controlar su regreso a la superficie, pero con este sistema, básicamente el control de tierra (o el piloto automático) sería capaz de dirigir el cohete pieza a pieza hacia un punto de aterrizaje concreto, donde sería recogido y puesto a punto de cara a su próxima misión.

Queda por ver cómo piensa resolver SpaceX el formidable desafío técnico que supone controlar la caída de las piezas, por no mencionar el coste asociado de llevar consigo el combustible para las maniobras de orientación y frenada, pero si lo consigue, la factura de enviar turistas al espacio podría descender de forma verdaderamente drástica.

La NASA quiere pensar que el ascensor espacial será construido... algún día

Con la lanzadera espacial entre bolas de alcanfor y el transporte de material científico fuera de la Tierra dependiente ya casi en exclusiva de los viejos cohetes de carga, la idea del ascensor espacial vuelve a ganar interés. Sus dificultades son numerosas, como encontrar un material lo suficientemente resistente como para mantener una estructura de decenas de kilómetros de altura, evitar los impactos de basura espacial, o simplemente consensuar un emplazamiento adecuado, pero de conseguir solventar los variados problemas que presenta, por fin podríamos enviar grandes cargas al espacio de forma segura y extremadamente económica. Nosotros no perdemos la fe, y tampoco los asistentes a la Space Elevator Conference, cuyos asistentes se devanaron los sesos la semana pasada con el propósito de encontrar la forma de levantar el esperado ascensor a las estrellas.

Algunas ideas expuestas durante la conferencia fueron la posibilidad de sustituir el sistema de transmisión de energía vía láser con paneles solares o aumentar el número de coches, y también se habló sobre un nuevo estudio que refleja las circunstancias teóricas bajo las que sus cables de nanotubos de carbono podría romperse, pero al final, las cosas siguen más o menos donde están: sin un cable lo suficientemente resistente para subir los coches (la NASA lleva cuatro años con un concurso abierto, por ahora sin ganadores) y un cientos, si no miles de defensores de la exploración espacial suspirando resignados.




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