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Telenoid R1, el terrorífico robot de telepresencia que hará compañía a los abuelos japoneses (si nadie lo impide)

Hace unos minutos mencionábamos que Japón, en toda su benevolencia tecnológica, estaba desarrollando robots para cuidar de sus ancianos y hacer de su senectud un periodo lo más dulce y despreocupado posible, pero eso era porque no estábamos pendientes de la crueldad de los hechos: lo que en realidad quieren las autoridades es acabar discretamente con ellos a base de fallos cardiacos.

Al menos esa es la intención que se desprende del Telenoid R, un pavoroso robot desarrollado por el profesor de la Universidad de Osaka Hiroshi Ishiguro y ACR con el fin de dar conversación (y ataques masivos) a sus pobres propietarios, que posiblemente se preguntarán qué hicieron de jóvenes para merecer esto. Frente a otros robots domésticos con los mayores en el punto de mira, la idea del Telenoid no es ofrecer un autómata del tipo mascota, sino una especie de plataforma mejorada de telepresencia, dado que sirve para dialogar vía webcam con otras personas, capturando sus gestos e imitándolos de forma no tan fidedigna como espeluznante. Tú fíjate en los espasmos que da al activarse y dinos si de verdad no te da un poco de canguele.

El Telenoid R saldrá a la venta en octubre como prototipo un precio de 3 millones de yenes (26.600 euros/34.750 dólares), aunque el año que viene esperan lanzar una versión más económica que costará unos 6.100 euros/8.000 dólares.

Hiroshi Ishiguro crea a su gemelo robótico malvado: Geminoid HI-1


Hiroshi Ishiguro, investigador del Instituto de Robótica Inteligente y Comunicación ATR (al lado de Kioto, Japón), decidió un día que si iba a trabajar con robots, iba a hacerlo como Dios manda; creando un clon mecánico de si mismo en lugar de otro androide torpón. Aparte de para dar sustos a sus compañeros de trabajo, Ishiguro utiliza el Geminoid HI-1 para dar clases a distancia, y matar de miedo a sus estudiantes retorciéndose en su silla, parpadeando o simulando una falsa respiración. El robot puede ser controlado mediante un sistema de captura de movimientos capaz de leer los labios de su creador y sincronizarlos con su voz (también puede ser la de un ayudante si no tiene ganas de cháchara). Su increíble realismo se debe a una "carne" creada a partir de moldes de silicona tomados del propio cuerpo de Ishiguro, que al parecer quiere saber si puede hacerse con la atención de los estudiantes mientras imparte su clase diaria.




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