Cuando el CEO de una compañía agarra la puerta antes de que la junta directiva haya tenido tiempo de nombrar un nuevo timonel, las cosas tienen que estar negras como el betún. Por eso cuando
Didier Lamouche anunció su dimisión como consejero delegado de
ST-Ericsson de forma abrupta, intuimos que algo terrible se estaba preparando. Bien, estas sospechas se han confirmado con el anuncio de que la atribulada joint venture entre
STMicroelectronics y
Ericsson no ha podido encontrar un comprador que le saque de sus penurias, de forma que su asociación será disuelta y 1.600 empleados se irán a la calle.
ST-Ericsson fue formada en 2008 con la intención de crear una gran firma europea dedicada al desarrollo de semiconductores, pero nunca llegó a alcanzar la rentabilidad. Su muerte, en cualquier caso, pareció anunciada tan pronto como las ventas de
Nokia comenzaron a flaquear y decidió cambiar de proveedores, dado que el fabricante finlandés era uno de sus mayores compradores de microprocesadores.