En Freemium, José Mendiola opina sobre la situación actual del mundo de la tecnología
9h de la mañana. Da comienzo un nuevo día y toca enfrentarse a las tareas cotidianas con toda la energía que el cuerpo permite. Esa mañana, sin embargo, uno se despierta con una gestión adicional que, con franqueza, no apetece nada afrontar. Hay que llamar al call-center del operador para abordar lo que parece un cobro indebido en la última factura. Casi nada. Una llamada de este tipo implica una dedicación excesiva de tiempo, y hey, uno no está muy sobrado de este valioso activo. Además, tocará enfrentarse al operador al otro lado de la línea, no siempre dispuesto a colaborar o entender a uno, y a las complejas políticas de los operadores que parecen dispuestas a amargar la vida de los clientes.
Nuestro protagonista da inicio a su primera llamada y tras identificarse ante una máquina -qué desagradable y frío resulta siempre este proceso-, consigue dar con un ser humano al otro lado del hilo que atiende nuestra demanda: "me han cobrado un cargo indebido", expone resuelto. "Un momento, le paso con el departamento correspondiente", responden al otro lado, y tras breves segundos, la llamada se corta. Vuelta a empezar y uno entra en un bucle infinito. Hay otra opción: presentarse en uno de los puntos de venta del operador y afrontar cara a cara el asunto. No siempre resulta, pero al menos la interacción es inmediata. Algo así debió pensar el británico Jason Codner, que se presentó en uno de los locales de T-Mobile en la ciudad de Manchester para resolver alguna diferencia en la relación contractual, y amigo, el asunto se fue de las manos. Del todo.