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La NASA quiere pensar que el ascensor espacial será construido... algún día

Con la lanzadera espacial entre bolas de alcanfor y el transporte de material científico fuera de la Tierra dependiente ya casi en exclusiva de los viejos cohetes de carga, la idea del ascensor espacial vuelve a ganar interés. Sus dificultades son numerosas, como encontrar un material lo suficientemente resistente como para mantener una estructura de decenas de kilómetros de altura, evitar los impactos de basura espacial, o simplemente consensuar un emplazamiento adecuado, pero de conseguir solventar los variados problemas que presenta, por fin podríamos enviar grandes cargas al espacio de forma segura y extremadamente económica. Nosotros no perdemos la fe, y tampoco los asistentes a la Space Elevator Conference, cuyos asistentes se devanaron los sesos la semana pasada con el propósito de encontrar la forma de levantar el esperado ascensor a las estrellas.

Algunas ideas expuestas durante la conferencia fueron la posibilidad de sustituir el sistema de transmisión de energía vía láser con paneles solares o aumentar el número de coches, y también se habló sobre un nuevo estudio que refleja las circunstancias teóricas bajo las que sus cables de nanotubos de carbono podría romperse, pero al final, las cosas siguen más o menos donde están: sin un cable lo suficientemente resistente para subir los coches (la NASA lleva cuatro años con un concurso abierto, por ahora sin ganadores) y un cientos, si no miles de defensores de la exploración espacial suspirando resignados.

Japón también quiere su propio ascensor espacial


Los científicos de la NASA ya pueden estar rezando para que el próximo presidente de Estados Unidos no les recorte el presupuesto, porque parece que Japón va en serio. La agencia espacial nipona ha anunciado que invertirá un billón de yenes (6.400 millones de euros/9.400 millones de dólares) en el desarrollo de un ascensor espacial capaz de transportar pasajeros y carga a una "altura" de 36.000 km utilizando cables fabricados con materiales compuestos. Precisamente ahí está el problema, y es que para hacer posible el sueño de Arthur C. Clarke los cables deberían ser 180 veces más fuertes que el acero y mucho más ligeros.

Los técnicos japoneses apuestan para no variar por los casi milagrosos nanotubos de carbono, un material que aunque todavía ha de ser reforzado, posee unas características conductoras brillantes, hasta el punto de que los propios cables podrían servir para transmitir la electricidad necesaria por el ascensor; algo bastante útil, dado que el viaje hasta la última planta podría llevar días o incluso semanas, y de alguna forma tendrán que recargar los astronautas sus reproductores multimedia. De entrada, el mayor reto está en reforzar dichos nanotubos para que sean cuatro veces más resistentes.

[Artículo en inglés]




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