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Científicos logran crear moldes de células madre embrionarias con impresoras 3D y abren una nueva puerta en el mundo de los transplantes

Científicos logran crear células madre embrionarias con impresoras 3D y abren una nueva puerta al mundo de los transplantes
Ya sabes que las impresoras 3D van abriéndose poco a poco camino y tienen cada vez más presencia en el mercado de consumo. Pero donde realmente están despertando un interés desmedido es entre la comunidad científica, debido a todas las posibilidades que ofrece. Así, un equipo de investigadores de la universidad Heriot-Watt en Edimburgo ha desarrollado un método para crear estructuras de células madre en fase embrionaria mediante impresoras 3D y en diferentes tamaños.

No es la primera vez que se imprimen células en 3D pero se trata la primera vez que se hace con células en fase embrionaria, algo especialmente delicado. La importancia de este hito reside en que a partir de estas células se puede crear prácticamente cualquier tipo de tejido que luego puede ser utilizado en el transplante de órganos, haciendo de este manera que no sea necesaria la existencia de donantes.

En un futuro cercano, las células madre impresas en 3D podrían ser utilizadas para crear tejido humano que pudiera ser empleado para ensayar con nuevos medicamentos, eliminando la necesidad de emplear animales para ello.

[Vía Inhabitat, BBC]

Diseñan una biomáscara de alta tecnología para regenerar rostros quemados

No es exactamente un secreto que los hospitales militares están a la vanguardia de la medicina. Después de todo el tratamiento de las espantosas heridas sufridas por los soldados en la Primera Guerra Mundial terminó dando pie a la cirugía plástica tal y como la conocemos, pero la idea a la que han llegado ingenieros de la Universidad de Texas en Arlington, investigadores de la Universidad de Northwestern y expertos en medicina del ejército de los Estados Unidos va dirigida precisamente a acabar con las complicadas operaciones de cirugía reconstructiva a las que se han de someter los heridos por quemaduras en el rostro. O como mínimo, a reducirlas de forma muy significativa.

Su invención, bautizada con el nombre de Biomask, es un complejo dispositivo que busca que el rostro de los pacientes sane por sí mismo, sin necesidad de realizar injertos de piel que pueden terminar presentando complicaciones. Esta máscara posee dos capas: una exterior de construcción rígida diseñada para proteger al herido y alojar los sistemas electrónicos, y una interior flexible que es donde se realiza el trabajo duro.

Su superficie de polímero flexible permite adaptarse al rostro del paciente para aplicar una compleja terapia de presión negativa que no sólo permite mantener las heridas en constante sanación durante meses, sino además limpias y a salvo de peligrosas infecciones. Una serie de actuadores se encargan de regular la presión en todo momento para que la máscara esté bien pegada a la cara, mientras que una red de microtubos irriga los tejidos con anestésicos, antibióticos y/o células madre para acelerar el crecimiento de forma general o específica. Adicionalmente, la Biomask no sólo permitiría mejorar el tratamiento de graves quemaduras en el rostro, sino que además transmite información en tiempo real a los médicos para que puedan conocer el progreso del paciente sin necesidad de retirar la máscara e interrumpir el tratamiento.

Según sus inventores, la Biomask debería ser una realidad en 2017, que es la fecha en la que tienen previsto mover los tanques de bacta al sótano.




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