Skip to Content

AOL Tech

cohetes espaciales posts

Virgin Galactic presenta su lanzador de satélites LauncherOne

Decirle a Richard Branson que está en la Luna es casi un halago. El magnate británico, todo un ejemplo de hombre hecho a sí mismo, es desde hace años uno de los principales impulsores de los vuelos espaciales privados a través de su compañía Virgin Galactic, que hoy ha dado un nuevo paso al frente (no nos atrevemos a decir todavía hacia las estrellas) con la presentación del LauncherOne.

Este cohete ha sido diseñado para poner pequeños aparatos en órbita por una cantidad de dinero relativamente modesta, utilizando la base técnica del WhiteKnightTwo, la plataforma de lanzamiento usada por el SpaceShipTwo para realizar vuelos suborbitales. El LauncherOne es transportado por su nave nodriza hasta que alcanza una altura de unos 15.000 metros sobre el nivel del mar, momento en el que se desprende de ella y se activa la ignición de un sistema de impulso de dos etapas. Sus características contemplan la posibilidad de lanzar satélites de 225 kg en órbita terrestre baja, o bien ingenios de 100 kg a órbitas terrestres bajas síncronas solares.

Branson, genio y figura, ya ha conseguido atraer a varios clientes entre los que se cuentan SkyBox Imaging (mapas desde satélite) y GeoOptics (observación terrestre y atmosférica), aunque por ahora nada sabemos de las tarifas concretas. Probablemente los globos de helio sigan siendo la opción más económica para espiar desde las alturas con tu 808 PureView.

CleanSpace One, un Wall-E espacial para recoger satélites olvidados

La proliferación de la basura espacial va a terminar dándonos algún día algo más que impresionantes mangas de ciencia ficción. Cada aparato enviado al espacio deja a su paso un reguero de quincalla de alta tecnología de difícil control y que amenaza con impactar con futuras misiones, pudiendo causar daños catastróficos en su equipamiento. Su indeseable e incontrolable presencia ha hecho que agencias como la ESA y DARPA desarrollen diversas soluciones de alta tecnología para atrapar los restos de antiguos satélites y cohetes, en ocasiones incluso para reciclarlos, pero la idea de los ingenieros de la Escuela Politécnica Federal de Lausana es mucho más sencilla: simplemente quieren echarles el lazo e incinerarlos en la atmósfera.

Científicos de la universidad suiza han ideado un robot de recogida de residuos espaciales llamado CleanSpace One, que gracias a su liviana construcción y al uso de componentes relativamente asequibles aspira a convertirse en nuestro futuro bedel espacial. El robot, de sólo 30x10x10 cm, podría lanzarse en 2015 ó 2016 si no hay problemas obteniendo los 10 millones de francos (8,2 millones de euros) necesarios para financiar el proyecto, que se ha concebido básicamente para demostrar la viabilidad tecnológica de un robobasurero espacial capaz de atrapar pequeños satélites en desuso y arrastrarlos hacia su destrucción.

¿Necesitas una descripción más gráfica? Pues tienes un vídeo tras el salto.

SpaceX quiere cambiar los paracaídas de sus naves por motores cohete

Aunque Elon Musk siempre ha tenido un ojo puesto en el lanzamiento de satélites comerciales, el fundador de SpaceX (y Tesla Motors) espera que gran parte de su actividad inicial se desarrolle en torno al turismo especial, y eso requiere unos costes realmente reducidos, especialmente si quiere competir de forma satisfactoria con los rusos. ¿Y cómo piensa hacerlo? Pues para empezar, reutilizando todas las partes de sus cohetes sin tener que ir a buscarlas en mitad del océano.

El último diseño de su cápsula Dragon contempla el uso de un impulsor con segmentos de reentrada controlada mediante cohetes, de forma que igual que el módulo habitado aterriza controlando su descenso mediante chorros de gases incandescentes, todas las etapas del cohete encargado de ponerlo en órbita aterrizan de idéntica manera en un punto concreto. Con un paracaídas no hay forma de controlar su regreso a la superficie, pero con este sistema, básicamente el control de tierra (o el piloto automático) sería capaz de dirigir el cohete pieza a pieza hacia un punto de aterrizaje concreto, donde sería recogido y puesto a punto de cara a su próxima misión.

Queda por ver cómo piensa resolver SpaceX el formidable desafío técnico que supone controlar la caída de las piezas, por no mencionar el coste asociado de llevar consigo el combustible para las maniobras de orientación y frenada, pero si lo consigue, la factura de enviar turistas al espacio podría descender de forma verdaderamente drástica.




    Noticias AOL