¿A la cárcel por hackear Xbox 360?
Todavía le tiene que durar el susto en el cuerpo a Mathew Crippen, un joven estudiante californiano, al que un lunes por la tarde, recibió la visita de la policía y acabó con sus huesos en el calabozo. Al parecer, el hombre tenía un negociete en el que hackeaba Xbox 360 para que pudieran ejecutar "juegos pirateados". Crippen negó en redondo la mayor, y aseguró que liberaba las consolas para poder utilizar sus propios desarrollos de software.
Las autoridades, por su parte, no parecen estar muy de acuerdo con estas alegaciones. "Ejecutar juegos de esa manera es criminal", aseguró Robert Schoch, de la Inmigration Customs Enforcement, y que Crippen había liberado una docena de consolas, cobrando 30 dólares por cada una de ellas.
Crippen tiene motivos para estar preocupado, y es que, de prosperar la demanda, podría acabar en prisión con una condena de cinco años. Pero la controvertida historia no termina ahí, puesto que el juez encargado del caso ha encontrado irregularidades en el procedimiento, y en concreto en la forma con la que se han obtenido las pruebas. Así, el representante de la Entertainment Software Association (una de las partes acusadoras), grabó en vídeo ilegalmente al aludido, y el representante de Microsoft (la otra parte demandante) tampoco era manco: reconoció que él también hackeó su consola en la facultad.
Las autoridades, por su parte, no parecen estar muy de acuerdo con estas alegaciones. "Ejecutar juegos de esa manera es criminal", aseguró Robert Schoch, de la Inmigration Customs Enforcement, y que Crippen había liberado una docena de consolas, cobrando 30 dólares por cada una de ellas.
Crippen tiene motivos para estar preocupado, y es que, de prosperar la demanda, podría acabar en prisión con una condena de cinco años. Pero la controvertida historia no termina ahí, puesto que el juez encargado del caso ha encontrado irregularidades en el procedimiento, y en concreto en la forma con la que se han obtenido las pruebas. Así, el representante de la Entertainment Software Association (una de las partes acusadoras), grabó en vídeo ilegalmente al aludido, y el representante de Microsoft (la otra parte demandante) tampoco era manco: reconoció que él también hackeó su consola en la facultad.

















































