Tatuarse un código de barras en la nuca está tan visto como pasado de moda; ahora lo que se lleva es el rollo post-cyberpunk, y si quieres ir a la última, lo que necesitas es implantarte un Bokode. Los chicos del
MIT, cansados de las líneas negras de toda la vida y de su extendida
alternativa pixelada, ha desarrollado una nueva y sencilla forma de identificar objetos mediante el uso de pequeñas motas
holográficas, económicas y capaces de almacenar cientos de bits.
Los Bokodes sólo miden 3 milímetros de ancho, pero a los ojos de una cámara desenfocada, se muestran no sólo mucho más grandes, sino además repletos de jugosa información para tiendas, almacenes y toda clase de establecimientos. Por si esto fuera poco, la naturaleza holográfica de los Bokodes permiten que la cámara sepa la orientación del adhesivo, abriendo nuevas posibilidades en el campo de la
realidad aumentada.
¿Quieres saber cómo funcionan? Pues sólo tienes que dar el salto.