Analizando el Samsung i900 Omnia
Durante los últimos días hemos podido juguetear con uno de los terminales más importantes de Samsung, el i900 Omnia. Cargado de tecnología y con el refinado diseño ya característico de la firma surcoreana, este teléfono móvil es de los que entran por los ojos, pero... ¿deja la misma buena impresión en el día a día?
Como viene siendo costumbre en los últimos Samsung, el i900 Omnia es un teléfono que se siente extremadamente sólido. Sus botones no bailan lo más mínimo, y tras recibirnos con la escandalosa melodía de arranque de la marca, nos encontramos con una pantalla 400x240 con colores sólidos y brillantes. Nada que objetar. El chasis del teléfono integra en el lateral derecho varios botones asociables desde el propio sistema operativo, dedicados en este caso para la cámara de fotos, el control de volumen y el menú de aplicaciones. Apenas sobresalen de la carcasa, impidiendo su activación accidental. El botón de encendido, minúsculo y de necesaria pulsación con la uña, se encuentra situado en la parte superior, lejos de cualquier lugar donde pueda ser toqueteado sin querer. Aunque al principio se hace incómodo buscarlo con la uña, lo cierto es que uno no anda encendiendo y apagando el teléfono a todas horas, así que poco importa su aparente dificultad de uso.
Como viene siendo costumbre en los últimos Samsung, el i900 Omnia es un teléfono que se siente extremadamente sólido. Sus botones no bailan lo más mínimo, y tras recibirnos con la escandalosa melodía de arranque de la marca, nos encontramos con una pantalla 400x240 con colores sólidos y brillantes. Nada que objetar. El chasis del teléfono integra en el lateral derecho varios botones asociables desde el propio sistema operativo, dedicados en este caso para la cámara de fotos, el control de volumen y el menú de aplicaciones. Apenas sobresalen de la carcasa, impidiendo su activación accidental. El botón de encendido, minúsculo y de necesaria pulsación con la uña, se encuentra situado en la parte superior, lejos de cualquier lugar donde pueda ser toqueteado sin querer. Aunque al principio se hace incómodo buscarlo con la uña, lo cierto es que uno no anda encendiendo y apagando el teléfono a todas horas, así que poco importa su aparente dificultad de uso.



























