Freemium: Huawei Mate, el móvil que quiso ser tablet... y casi lo consigue
En Freemium, José Mendiola opina sobre la situación actual del mundo de la tecnología
La tarde era lluviosa y la cita era en un conocido bar. Hacía tiempo que no veía a mi amigo, y ambos teníamos ganas de ponernos al corriente de nuestras respectivas vidas. Un par de cervezas, un ambiente distendido y música suave. La conversación transcurría entre "¿te acuerdas...?" y "¿cómo se llamaba...?" mientras evocábamos viejos tiempos. Momentos deliciosos que, por desgracia, compartimos pocas veces al año debido a la distancia. Todo iba 'acorde el guión' cuando de repente sonó la melodía de un móvil. Instintivamente eché la mano al bolsillo para comprobar si se trataba del mío, y pude intuir que en la mesa del al lado al menos dos personas hicieron lo propio.
Pero no. Era el smartphone de mi amigo, que pesadamente sacó su flamante Galaxy Note II del bolsillo y contestó animadamente. Recuerdo aquella estampa de forma meridiana. Uno, que está curtido en el negocio y conocía hasta el último tornillo del dispositivo y el detalle de sus prestaciones, nunca se había enfrentado al uso cotidiano del equipo. Y ahí estaba mi amigo, con esa tableta pegada a su cara ocultando el grueso de su rostro. Siempre he sido un fiel defensor (y admirador) de las arriesgadas apuestas de Samsung, máxime cuando son transgresoras y abren nuevos mercados, como en el caso del Note. Pero no pude evitar la mirada fascinada ante la desmesura de formas del colosal smartphone adherido a un rostro humano. Aquello tenía que ser el límite, pero no. Todavía hay más. Esta semana Huawei ha venido a demostrar al mundo que para valientes ellos y ha presentado un equipo de (redoble de tambores)... 6,1 pulgadas.

Pero no. Era el smartphone de mi amigo, que pesadamente sacó su flamante Galaxy Note II del bolsillo y contestó animadamente. Recuerdo aquella estampa de forma meridiana. Uno, que está curtido en el negocio y conocía hasta el último tornillo del dispositivo y el detalle de sus prestaciones, nunca se había enfrentado al uso cotidiano del equipo. Y ahí estaba mi amigo, con esa tableta pegada a su cara ocultando el grueso de su rostro. Siempre he sido un fiel defensor (y admirador) de las arriesgadas apuestas de Samsung, máxime cuando son transgresoras y abren nuevos mercados, como en el caso del Note. Pero no pude evitar la mirada fascinada ante la desmesura de formas del colosal smartphone adherido a un rostro humano. Aquello tenía que ser el límite, pero no. Todavía hay más. Esta semana Huawei ha venido a demostrar al mundo que para valientes ellos y ha presentado un equipo de (redoble de tambores)... 6,1 pulgadas.


