El
Nokia N8 era, probablemente, una de las últimas esperanzas que tenían los finlandeses para seguir en la cresta de la ola. Nokia era antes la reina, la favorita del público, la niña de nuestros ojos, pero de un tiempo a esta parte se ha dormido en los laureles y otros fabricantes como HTC, Samsung, Apple o RIM han sabido destronarla del reinado de los mejores teléfonos del mercado.
Tras el estrepitoso fracaso del
N97 y N97 Mini, si albergábamos alguna esperanza de que el N8 devolviese a
Nokia a su lugar histórico, ésta se desvanece al sostener el teléfono en nuestras manos, dándonos la sensación de que una vez más vuelven a llegar tarde con una propuesta lenta, anticuada y sin futuro.
Por supuesto, el Nokia N8 tiene grandes virtudes, pero sus defectos proyectan una sombra demasiado alargada y las pocas luces que desprende son demasiado tenues. Vamos a comentar punto por punto en qué destaca y en qué cojea este terminal y, al final, haremos balance. Desgraciadamente, muchos se imaginarán ya cómo acaba la película, ¿verdad?