No hace mucho tiempo leí en uno de aquellos repasos que uno por vocación pega a su RSS o Twitter, que los propietarios de lectores de
libros electrónicos leían muchos más libros que los que los compraban únicamente en papel. Era un dato empírico. Y no creas que leían un poquito más, sino notablemente más. Me quedé reflexionando primero en aquel hecho, pero luego pude corroborarlo en carne propia al adquirir mi primer
Kindle Ahí donde mete mano la tecnología parece que todo es más fácil y accesible, y ahora le toca la mano al deporte. Primero fueron las aplicaciones para smartphones con las que uno va trazando su recorrido mientras corre o anda en bici, y lo comparte de forma 'social' con su entorno. Estas apps cuentan con el incentivo de superar marcas y récords personales; son muy completas y cumplen de maravilla con su propósito. Un servidor es fiel usuario de Runkeeper y tras las carreras, uno de los mayores placeres consiste en llegar a casa y comprobar la evolución de la misma en el mapa: la altitud, el ritmo cardíaco, velocidad...
Pero no era suficiente. Los malévolos fabricantes siempre encuentran argumentos para que saquemos la billetera e incorporemos a nuestro catálogo de gadgets otro nuevo producto que antes ni conocíamos y ahora es necesidad. Algo así está sucediendo con las
pulseras 'high tech', aquellas que registran tu actividad a lo largo del día, para luego volcar dicha información a la red para que uno pueda ir comprobando sus evoluciones. ¿Podemos establecer el paralelismo que se ha dado con los lectores de e-books? ¿Puede decirse que estos productos incentiven la actividad deportiva? Yo ya tengo mi respuesta...