En el cruel mundo de la tecnología rara vez hay segundas oportunidades. Esta máxima la conocen bien muchas marcas de referencia y por ello, es importante asestar el primer golpe con contundencia. Que se note, que se sienta. Ya no basta con que el mercado dé su aprobación de soslayo a un nuevo producto, sino que tiene que estar entusiasmado, tiene que ansiarlo de una forma irracional para que pueda considerarse que el arranque ha sido bueno. Son tantos los ejemplos de los que se han topado con la cruda realidad tras haber puesto todas las expectativas en un producto que no sabríamos por donde empezar. Así, recordaremos cómo Palm deslumbró al mundo al presentar webOS y su
Pre, y sin embargo, el mercado pronto dio la espalda a producto y plataforma.
RIM también ha tenido un duro estreno, esta vez en el segmento de los tablets, con
PlayBook, del que no se conocen cifras de venta pero el producto se sostiene a la espera del lanzamiento de
BlackBerry 10, la gran esperanza de los de Waterloo. Y llegamos a
Microsoft, un gigante que ya conoce en carne propia la miel del éxito y la hiel de fracaso. En este sentido, los de Ballmer se quisieron asegurar el éxito en el segmento de los tablets, centrando todos sus esfuerzos en
Surface, un producto que superó con éxito su primer gran reto: llamar la atención del mercado. Hay que tener en cuenta que Microsoft llegaba al mundo de los tablets con años de retraso, y ya no bastaba con realizar una entrada triunfal, sino que las ventas debían ser un factor clave.
Y sin embargo, el estreno de la ambiciosa tableta de los de Washington ha sido cuando menos, tumultuoso. ¿Qué futuro crees que le espera?