En Freemium, José Mendiola opina sobre la situación actual del mundo de la tecnología
Uno seguía muy de cerca la evolución de
RIM en el mercado, y su imparable decadencia. De héroe a villano en pocos años. La tiranía de la tecnología es lo que tiene. La plataforma había dado la espalda a una nueva ola de smartphones que, impulsados por el éxito del
iPhone, habían superado los teclados físicos, y lo que es más importante, se centraban más en el entretenimiento que en el puro trabajo. Las
BlackBerry, como sabes, eran los terminales 'pata negra' para los ejecutivos que iban al galope y que no podían alejarse mucho de su cuenta de e-mail. En aquellos tiempos el correo push y el
BlackBerry Messenger suponían dos muros infranqueables que, junto con la tarifa plana de datos, protegían al fabricante de Waterloo de las incursiones rivales en este nicho del mercado.
Sin embargo, con la llegada del
iPhone y la eclosión del mercado de los smartphones, este muro fue derribado. RIM mantuvo su grueso de usuarios en el ámbito corporativo pero la erosión era ya patente. Y lo peor del asunto es que los creadores de las célebres BlackBerry habían perdido la batalla de la imagen, y no sospechamos hasta qué extremo. Así, el 15 de octubre del año pasado, el prestigioso
New York Times hacía sangre con el asunto: en un artículo firmaban que había un creciente número de usuarios en Estados Unidos que escondían sus fieles
crackberries o que directamente contaban con un segundo terminal, mucho más
cool, que exhibir en los actos sociales.
Pero por fortuna, aquellos tiempos han quedado atrás. RIM
se dejó por el camino la marca, pero también el exceso de equipaje, y se encomienda en un futuro a dos siglas:
Z10 y BB10 ¿una fórmula también '10'?