Historias como esta son estimulo suficiente para seguir adelante ante cualquier adversidad. Después de un accidente, los doctores notificaron a Mark Lesek que su lesión era demasiado severa como para una prótesis. El australiano decidió que esa respuesta no le gustaba, y que no se quedó tranquilo hasta conseguir un brazo prostético.
El primer paso fue conseguir un doctor que pudiera encargar un brazo desde Alemania. Mark pagó los 80.000 dólares por el nuevo apéndice artificial, que terminó rompiéndose (no sin antes gastar 6.000 dólares más en reparaciones). Con la experiencia obtenida viajó al centro de osteo-integración Branemark en Suecia, y consiguió que por 80.000 dólares más le implantaran una especie de perno que sirve como "hombro artificial". Tras esto, regresó a la isla de Tasmania, y con la ayuda de uno de los empleados en su empresa de soldadura e ingeniería, diseño su propio brazo mecánico, de magnesio ultraliviano y alimentado por el mismo cuerpo.
La historia no termina ahí: ahora está trabajando con la Universidad de Tasmania para desarrollar un brazo más ágil que pueda ser configurado desde un ordenador. Le deseamos mucho éxito fabricando las nuevas prótesis, y esperamos que otros se beneficien de su indomable determinación.
[Vía
Switched]
[Artículo en
inglés]